
El nopal, un superalimento de la tierra a la mesa mexicana

CULIACÁN, Sin., 12 de diciembre de 2025.- Bajo el sol suave de la mañana y entre el murmullo de rezos, decenas de familias avanzaban despacio por la explanada de La Lomita.
Algunos llevaban velas, otros flores, y muchos más caminaban tomados de la mano de sus hijos.
Es un peregrinar tranquilo, de reflexión, donde cada paso parecía sostener una historia distinta, pero unida por la misma devoción: visitar a la Virgen como lo han hecho generaciones enteras.
Lucía, de 22 años, caminaba junto a su madre y sus dos pequeños.
En sus manos llevaba una vela encendida, y en su voz se escuchaba el orgullo de continuar una tradición familiar que, asegura, ha pasado de generación en generación.
“Venimos mi madre, mis dos hijos y yo a pedir por la salud de toda nuestra familia. Esta tradición tiene más de tres generaciones y ahora se la inculcamos a los más pequeños para que no se pierda”, contó mientras avanzaba entre la multitud.
Recuerda que ella misma llegó por primera vez siendo apenas una bebé.
“Mis papás me trajeron desde muy chiquita; me dijeron que cuando tenía dos meses de nacida vinimos a dar gracias porque había llegado bien al mundo. Desde entonces no he faltado. Ahora que tengo mis hijos, ellos también vienen conmigo a agradecerle a la Morenita… y espero que cuando crezcan hagan lo mismo con los suyos”, relató con una sonrisa que mezclaba nostalgia y esperanza.
Entre los asistentes también estaba María, de 32 años, cargando con delicadeza una pequeña veladora.
Su visita este año tiene un significado especial: después de varios intentos, finalmente logró quedar embarazada.
“Vengo a darle gracias a la Virgen por haberme dado el milagro de ser mamá. Es mi primer bebé y nació este 2025. Gracias a Dios y a la Virgen que me enviaron este gran regalo”, expresó con los ojos humedecidos.
A su alrededor, otras familias hacían fila para entrar al templo. Algunos pedían salud, otros trabajos, y muchos simplemente daban gracias por un año más.
Pero en todos se palpaba la misma convicción: la fe no solo se practica, también se hereda.
Así transcurre la mañana en La Lomita, entre pasos lentos, plegarias y el eco de una tradición que sigue firme, viva y transmitida de padres a hijos, como un lazo que une a las familias de Culiacán con su fe y su historia.




