
Indicador político

El fatalismo en un sector de opinión opositor se hace presente. La elevada aprobación de la presidenta Sheinbaum y la ventaja de Morena respecto a todos los partidos, el clientelismo electoral, además del terreno disparejo de la contienda vuelve recurrente la predicción de que el obradorismo llegó para quedarse, al menos por un buen tiempo y que las elecciones intermedias ratificarán el pronóstico. Afortunadamente, los electores no se comportan como los que analizan, opinan y divulgan.
El régimen hace todo para lograr el mejor resultado posible. Para empezar, violentan la legalidad y el precario régimen de control financiero a los partidos y a las campañas al anticipar la designación de candidatos. Ya concluyó el ungimiento de los que aspiran a los gobiernos estatales y van por los candidatos a diputados federales. La presidenta Sheinbaum sin rubor alguno y a cuenta de los recursos públicos emprendió una campaña territorial morenista bajo el pretexto del informe de gobierno con un cierre masivo en el zócalo; el INE es el único el que no ve actos anticipados de campaña.
Pero los acontecimientos se le vienen al régimen en contra. No tiene que ver con la predecible inconformidad de los no favorecidos por la selección de candidatos, asunto magnificado por un sector de opinión que, involuntariamente, sirve al chantaje a la presidenta por parte de los perdedores y del PT. Lo de Tatiana Clouthier viene por cuerda aparte y está más en el terreno personal que político.
En el horizonte hay nubarrones que complican el triunfalismo de Morena: el clientelismo electoral pierde fuerza conforme se elevan los costos para las familias por el deterioro de la red social de bienestar. La economía pende de alfileres por el deterioro de las finanzas públicas, y recurrir a la deuda para resolver el déficit plantea riesgos mayores, entre otros, la degradación de la calificación crediticia del país. La agenda punitiva y judicial de EU persiste y no se excluye una embestida que pueda afectar a Morena, sus candidatos y a las celebridades morenistas.
Por todos los medios se estrecha el cerco al escrutinio social al régimen de allí el rechazo del líder moral a las redes sociales. La incursión pública de López Obrador es una respuesta desesperada no sólo para mantener su influencia en los electores; parece un intento de contener el desprestigio por las imputaciones a él, sus hijos y colaboradores cercanos. Las noticias adversas se acumulan día a día, minando los dos pilares de la fortaleza del régimen: López Obrador y la narrativa de superioridad moral. La respuesta a su desafortunada incursión pública da cuenta de ello no por lo que digan los opinadores, sino por las reacciones orgánicas en el ecosistema digital.
La elevada aceptación de la presidenta es de ella, no del gobierno ni de las autoridades locales. La ventaja de Morena como marca nacional tampoco da para determinar la contienda local, sobre todo, en los estados con un acentuado descontento con sus autoridades; ejemplo, Zacatecas, Campeche y Michoacán. Cierto, el candidato en Chihuahua, Cruz Pérez Cuéllar, expanista, es competitivo, pero constituye excepción en territorio opositor.
La elección de diputados es la que importa y las intenciones de voto no se procesan por la aprobación presidencial, ni por la opinión que se tenga de Morena. Puede decirse que es opinable utilizar este criterio como modelo predictivo, recurso común en quienes confunden al centro con el todo. Importan los términos en que se lleven las contiendas de gobernador y particularmente de ayuntamientos. El problema y mayor preocupación serán los medios que el régimen esté decidido a emplear, más allá de la ilegalidad en cuanto a los tiempos de campaña, la parcialidad del gobierno y el financiamiento ilegal, ya presentes.
De sentida inquietud es si el régimen político continuará con la connivencia entre autoridades locales, especialmente las municipales, con el crimen organizado asociado al narcotráfico, la extorsión y el comercio ilegal de combustibles, cada vez más evidente, que se revela en la detención de alcaldes que operan como parte de la organización criminal.
2021 fue el punto de partida del financiamiento de Morena con los recursos del contrabando de combustible y la acción de grupos criminales antes y durante la jornada electoral, asesinando e intimidando candidatos y funcionarios electorales, y el robo de urnas y secuestro de candidatos, plenamente documentados. Tuvo razón el entonces presidente López Obrador al afirmar que la maña se había portado bien; ciertamente, pero con la causa de Morena y de la narcopolítica.
El resultado de la elección es impredecible. Poco importa el ascendiente de la presidenta o la opinión de Morena.