
Filosofía sin escrúpulos

Este fin de semana tuve la oportunidad de estar en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) en una conversación que, por incómoda que parezca, es urgente tener: la eutanasia. Un diálogo profundo sobre el derecho a morir dignamente, guiado por tres miradas distintas: la de Samara Martínez desde su experiencia y activismo; la de la psicoanalista Eunice Cortés desde el entendimiento del sufrimiento humano; y la de Salomón Chertorivski, desde la responsabilidad legislativa y de política pública.
Escucharlos fue recordar algo que casi siempre intentamos evadir: que la muerte nos atraviesa a todos, y que no hablar de ella no la hace menos real. Samara ha logrado romper una barrera que muy pocos se atreven a tocar. En un mundo donde desplazamos cualquier emoción incómoda con un movimiento del dedo en la pantalla de un celular, ella nos obliga a detenernos frente a lo inevitable. Ha puesto sobre la mesa un tema que cargamos en silencio: ¿cómo queremos morir? Y su respuesta es tan sencilla como radical: con dignidad.
Todos solemos decir que quisiéramos morir dormidos, sin dolor, sin agonía. Pero para cientos de personas que cada año enfrentan enfermedades terminales, esa aspiración no es siquiera una alternativa. La gran mayoría muere en condiciones de sufrimiento extremo, sometidos a tratamientos que ya no curan y solamente alargan la agonía, rodeados de miedo y de un dolor que ningún ser humano debería soportar.
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