
¡La Voz de la Igualdad!

Papa enfermo y la tradición vaticana
Sorpresa ha causado el que el papa León XIV se encuentre en un problema grave de salud, cuando en este tiempo de gobernar como titular del Vaticano exhibió una postura muy propia, que le ha creado buenas referencias entre propios y extraños. Este papa desde un principio se ha manifestado consciente, orientador de los temas cruciales de su iglesia y ha sido abierto a tener propuestas y posturas importantes. Es cierto que guarda la postura tradicional de su iglesia, pero trata de abrir espacios más amplios entre el número de gente que tiene su iglesia y el aumento en el descenso en el mundo en esa religión. En este tiempo que tiene de ejercer como jefe de la Santa Sede, se ha topado con el recalque en ciertos sectores de que en ese espacio tan breve como es el Vaticano, se exhibe el amor gay, frente a la postura miles de veces exhibida, de evitar entrar como titulares a las mujeres.
EL VATICANO NO HA PODIDO DEJAR ATRÁS, PESE A CIERTOS PAPAS, SUS TRADICIÓN
Por otro lado, pese a ciertos cambios, la ratificación que da relumbre a la iglesia católica en sus coloridos como postura institucional, vuelve a sostenerse en ese tradicional color de escarlata y púrpura que sigue siendo el arquetipo del poder, pese a un papa más abierto. Por alguna razón en la larga época que atravesó el gótico, florecieron esos ostentosos vestuarios de colores rojo carmesí oscuro, que caracterizaron a cierto sector de la iglesia católica y las clases poderosas. Hay toda una historia de esa moda en la que participaron sastres, químicos y grandes diseñadores a partir de piezas rojizas oscuras que se auxiliaban con un tipo de caracol, el color púrpura e insectos, el escarlata, para dar el colorido. Hasta la cochinilla mexicana anduvo metida. Todo para simbolizar el poderío y la riqueza a partir de dos colores. Algunos autores en sus obras han hecho hincapié en como los colores expresan la propia dimensión de un sistema y en ese caso es el gótico.
EL GÓTICO REFRENDÓ EL COLORIDO ECLESIAL QUE AÚN ESTÁ VIGENTE
La inglesa Jane Austen en su novela La abadía de Northanger ( Plaza & Janes, editores, De bolsillo 2002), se yergue irónica, bromista, como Cervantes contra las novelas de caballería, para criticar las expresiones góticas que saltaban de la edad media, en las expresiones eclesiales y el uso de un colorido especial que usan como recurso para ejercer el poder. Aparte, claro, está el suspenso de tenebrosos castillos y abadías. Los personajes se pierden en pasillos oscuros en busca de cofres misteriosos que pueden contener documentos reveladores. El recorrido ya inspira pavor a los lectores, con aullidos de lobos, figuras fantasmales, mayordomos silenciosos y secretos familiares que desembocan en un doble final: la felicidad y la tragedia. Y siempre presente, la iglesia católica con sus coloridos. Hoffman, Wilkie Collins, las hermanas Bronte, el propio Poe, no desestimaron el estilo. La avanzada Austen -por algo es una clásica inglesa-, coloca a su protagonista Catherine Morland, en medio de una abadía en busca de tesoros y secretos misteriosos. Pero los documentos que encuentra son listas de lavandería y los presuntos misterios que cree hallar, solo causan problemas en la familia que gentilmente la ha acogido. Fueron críticos los aportes de Jane, mientras esa iglesia tradicional refrendaba sus valores, que aún en esta época están vigentes.




