
Filosofía sin escrúpulos

Rockdrigo y aquel sismo traidor
Un sismo traidor nos robó la creatividad de Rockdrigo González, aquel 19 de septiembre de 1985. No tuvo tiempo de contar su vida. Hablemos entonces de la naturaleza para echarle la culpa o para entenderla, por causa nuestra. Y ha de ser ella la que nos ponga en su sitio. Pero como que los sismos que se mueven por doquiera están exhibiendo que el uso de la tierra y lo que se ha hecho de ella, ha estado soberbiamente equivocado. Los sismos al parecer, no solo son los reflejos del comportamiento humano cuando llega a extremos de esa tierra abusada. México en los últimos tiempos 1985 y 2017 emerge con una cauda de muertes y de destrucciones pero en todos los países pasa lo mismo. Lo acabamos de ver de manera terrible en Venezuela y ahora en Colombia. Pero la insistencia de esos sismos ha creado una nueva cultura que se expresa no solo desde la fundamentación de la tierra, sino en los efectos sociales, económicos y políticos, en una filosofía ya, de los sismos, en la que se discute la fragilidad humana.
LOS SISMOS EXHIBEN EL DESENCUENTRO CON EL ENTORNO, COMO CULPA NUESTRA En todas esas zonas en las que las historias se nutren de los sismos que son permanentes -Acapulco, Oaxaca, por ejemplo-, la idea ofrece sus desencuentros con el entorno por el trato a la tierra y se trata de frenar esos malos ratos y crear una seguridad que a veces se derrumba. Pero en su momento, todo gira en buscar el refugio de la seguridad, contra un hecho natural y vengativo, de los que somos parte, la tierra. Y en los recuerdos quedan personas, hechos, fechas y dolores por lo que se afectó y los gobiernos, los estados, los grupos buscan remedios, mientras la tierra emite su carcajada burlona, con otro sismo. Tierra maldita que en su momento en un movimiento estruendoso, mató al gran Rockdrigo González Guzmán (aunque para otros González Sámano), llamado para muchos e histórico, en los talentos de México, como Rockdrigo González el Profeta del Nopal.
AQUELLA CHARLA CON ROCKDRIGO UNOS DÍAS ANTES DE SU MUERTE
Yo lo conocí en un acto en el que la Unión de Periodistas Democráticos (UPD), citó en un gran salón, para dar a conocer sus proyectos. El músico, un joven de presencia agradable, estuvo presente desde el principio y en su momento buena parte se la pasó conmigo, con una sencillez de la que ya era famoso, ante una oyente que de rock conocía poco. En preguntas entraron aquellas sus famosas canciones No tengo tiempo de contar mi vida, Estación del metro Balderas, Vieja Ciudad de Hierro, Aventuras en el Distrito Federal, Distante instante y así, aquella lista tan singular de sus canciones que exhibían por si solas la psicología de una mente y el reflejo para exponer a la ciudad, como un ser de creación. Rockdrigo había nacido el 25 de diciembre de 1950 en Tampico Tamaulipas, para llegar a la capital después de haber transitado por estudios y uso de la guitarra y gozo de la canción, desde su primera juventud. En la capital se dio a conocer como el principal promotor del movimiento Rupestre y brillaba en medio de esas tentaciones envidiosas en las que los mismos grupos tratan de denostar al valioso que triunfa. Su muerte el día del sismo el 19 de septiembre de 1985, a los 34 años, conmocionó a una sociedad que estaba espantada ante tantos desaparecidos y lo marcó, desde su excelencia como compositor y cantante, como uno de los héroes musicales que se adhieren hoy, con los grandes que tenemos en la música de rock y popular.



