
Filosofía sin escrúpulos

Estamos finalizando el 2025, el primer cuarto de siglo del siglo XXI. Los finales de un período siempre obligan a reflexiones críticas sobre la actividad humana y casi siempre estas valoraciones están determinadas por una preocupación existencial. La humanidad tenemos la curiosidad, también casi siempre, de saber si vamos por el camino correcto y si estamos haciendo lo conveniente para conseguir resultados que le den sentido y satisfacción a nuestro actuar.
Solemos revisar desde las cosas más elementales que definen nuestro existir: el hogar, el trabajo, los estudios, la salud, los ingresos, la recreación, la espiritualidad. Y más allá de lo inmediato revisamos al gobierno: los resultados de sus medidas económicas, la tendencia de la seguridad-inseguridad, su comportamiento ético, la eficacia para resolver los asuntos públicos, la empatía con los gobernados.
En todos los casos tratamos hacer esta revisión ya sea con categorías empíricas, lo que está al alcance de nuestros sentidos o bien tomando algunas categorías construidas por quienes hacen estudios de estos fenómenos desde la academia. Lo que resulta de estas valoraciones cíclicas, en muchas ocasiones se convierten en puntos de referencia para darle dirección a los esfuerzos que se harán en el futuro inmediato.
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