
Visión Financiera

Visité la Basílica de Guadalupe la primera vez que vine a la Ciudad de México y desde entonces lo hago con frecuencia.He trepado muchas veces al cerrito y conozco los diferentes recintos que integran el complejo religioso. En Jerusalén me postré ante la imagen de la morena del Tepeyac, igual lo hice en Notre Dame. Siempre pido por mi Patria y familia.
La fe en Guadalupe la recibí de uno de mis abuelos, del mismo que llevo el nombre de Ignacio. Él, un pequeño comerciante, murió peregrinando; alguna vez vi en blanco y negro una fotografía donde aparece con un grupo de creyentes que marchan a la Ciudad de México. En mis primeros recuerdos tengo el de varias visitas al santuario que se encuentra en Saltillo, el edificado en los terrenos que fueron de San Esteban de la Nueva Tlaxcala.
Conozco el estudio de Joaquín García Icazbalceta, igual quela historia de Nuestra Señora de Ocotlán. Sé de los conquistadores y su fe en la otra Guadalupe, la aparecida en 1326 a Gil Cordero en el lejano Cáceres. También he leído el Nican Mopohua de Antonio Valeriano; los sermones de Francisco de Bustamante y Teresa de Mier, así como las declaraciones de monseñor Guillermo Schulenburg.
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