
Las Batallas

¡SIN ZEDILLO, CLAUDIA NO SERÍA PRESIDENTA!
En todos los populismos la memoria selectiva suele ser la mejor herramienta “engañabobos”.
Y la populista presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, no es la excepción.
Peor aún, en sus mañaneras delirantes, la señora Claudia gusta de “escupir al cielo”, con las consecuencias cotidianas que provoca la Ley de la Gravedad contra aquellos que no saben que, por “escupir al cielo”, terminarán con la cara sucia.
Y es que apenas el pasado 30 de octubre del 2026, la mandataria mexicana volvió al “escupitajo al cielo”, cuando pretendió censurar las más recientes declaraciones del expresidente Ernesto Zedillo, quien acusó a los gobiernos de Morena de debilitar las instituciones democráticas.
Además, el expresidente mexicano sostuvo que hoy, “México es una autocracia electoral” y que las elecciones del 2027 estarán bajo el control total del gobierno. “México ha dejado de reunir los atributos necesarios para considerarse una democracia”, sentenció.
Pero no fue todo. También alertó sobre “el posible uso de recursos públicos y del crimen organizado para favorecer al partido en el poder”.
Y como era previsible, la declaración del expresidente Zedillo provocó el enojo de “la señora presidenta”, quien casi a gritos exclamó: “¿Cómo se atreve?”, para luego acusar a Zedillo y a parte de la intelectualidad mexicana “de haber pactado con Salinas en 1988”, la entrega del poder a Vicente Fox”.
Pero igual que ignora que “cuatro por cinco” no son 50, la memoria selectiva traiciona a la presidenta cuando habla de la transición democrática.
Y es que la historia comienza con la cuestionada victoria electoral de Carlos Salinas, en julio de 1988; victoria que fue posible por el menoseo electoral que encabezó el hoy morenista Manuel Bartlett; fraude electoral que fue conocida como “la caída del sistema”.
El escandaloso fraude fue impugnado por los derrotados, Manuel J Clohutier, del PAN y Cuahutémoc Cárdenas, del naciente PRD.
Sin embargo, mientras que Cárdenas denunciaba como ilegítimo al gobierno de Salinas, el PAN de Luis H. Álvarez se acercó al impugnado presidente Carlos Salinas y le propuso una alianza que hiciera posible la transición democrática. Esa alianza fue entre el PAN y Salinas, cuando López Obrador aún era soldado del viejo PRI, precisamente de Salinas, quien cumplió su alianza y empujó una tibia reforma electoral, además de que le entregó al PAN gobiernos como los de Baja California y Guanajuato, e hizo suyas reformas económicas promovidas por el PAN.
No fue sino hasta 6 años después, en la elección presidencial de 1994, cuando no sólo sobrevino el estallido social de Chiapas, con la aparición del EZLN, sino el magnicidio de Luis Donaldo Colosio.
Así, de manera fortuita, llegó al poder presidencial, Ernesto Zedillo, mandatario con el que el PAN pactó su segundo “cogobierno”, para hacer posible el paso decisivo a una reforma electoral que, en el año 2000 favoreció la alternancia en el poder presidencial y la caída del PRI.
Y precisamente al arranque del gobierno de Zedillo, un ambicioso aspirante a dirigir el PRD, un ex priísta tabasqueño de nombre Andrés Manuel López Obrador, siguió los pasos del PAN y se alió precisamente al otrora repudiado gobierno de Ernesto Zedillo.
Los incrédulos de esa realidad pueden consultar la hemeroteca del diario La Jornada del lunes 3 de junio de 1996, que tituló así la nota principal de esa fecha: “Conspiran contra Zedillo: López O.”.
Resulta que AMLO buscaba ser presidente del PRD y, con el espantajo de una supuesta “conspiración” contra Zedillo, le propuso un pacto “para legitimarlo en los hechos”.
Vale recordar que Cuauhtémoc Cárdenas consideraba ilegítimo al gobierno de Zedillo y que, por tanto, era una traición la alianza propuesta por López Obrador al recién electo Ernesto Zedillo.
Sí, el traidor a las izquierdas mexicanas y a Cárdenas fue AMLO.
Es decir, que en aquel 1996, López siguió los mismos pasos que del PAN en 1988 –que pactó con Salinas--, y AMLO estableció un “amasiato” con Zedillo; amasiato sin el cual hoy Claudia no sería presidenta.
La nota principal de La Jornada que reveló la propuesta de alianza entre Obrador y Zedillo se refería a una declaración de AMLO formulada en Misantla, Veracruz, el domingo 2 de junio de 1996, en donde además dio a conocer la propuesta de un “acuerdo de unidad y apoyo político” a Zedillo.
¿Qué proponía dicho acuerdo?
Así lo dijo el propio Obrador: “No queremos alianzas con el presidente Zedillo. Deseamos acuerdos donde él se comprometa con el pueblo y con la nación, y nosotros a construir una verdadera transición democrática.
“Queremos acceder al poder, pero no sobre el cadáver de la República; queremos un nuevo proyecto nacional, pero ello sería imposible si perdemos a la nación. Zedillo podría tener el apoyo del pueblo mexicano, de nosotros mismos, pero no se la quiere jugar del lado del nacionalismo”. (Fin de la cita)
Lo que proponía AMLO al presidente Zedillo en su arenga del domingo 2 de junio de 1996, era una copia de lo que propuso el PAN a Salinas en la concentración del Zócalo, la noche del 16 de noviembre de 1988; un pacto político de transición.
Pero Claudia olvida que también era la primera traición de López, a Cárdenas y al PRD.
Por eso, el primero en denunciar dicha traición a la izquierda y a Cárdenas, fue nada menos que Heberto Castillo, ya que el PRD y Cárdenas no sólo habían impugnado la elección de Zedillo, sino que promovieron la creación del Movimiento de Salvación Nacional.
Por eso, en su artículo del semanario Proceso, número 1023, del 10 de junio de 1996 —titulado “Lunfardismo en el PRD”—, Heberto Castillo repudió “los bandazos del candidato a la presidencia del PRD, Andrés Manuel López Obrador”, y enumera las incongruencias de un político que se decía de izquierda y pactaba con el PRI.
Al final, López se convirtió en líder del PRD y en 1997 su partido no sólo ganó el gobierno del DF con Cárdenas, sino gobiernos estatales como los de Tlaxcala, Baja California y Zacatecas.
Pero la mayor ganancia de Obrador fue que el presidente Zedillo ordenó avalar su ilegal candidatura a jefe de Gobierno del DF, en el año 2000; lo que catapultó su llegada al poder presidencial en 2018.
Dicho de otro modo: el PAN de Luis H. Álvarez y el PRD de AMLO, negociaron reformas, elecciones y puestos de poder con el PRI, a cambio de legitimar a los gobiernos tricolores, tanto en 1988, como 1996.
Pero también es cierto que esa estrategia dio como resultado la más avanzada reforma electoral --aprobadas en 1996--, y que hizo posibles elecciones creíbles, equitativas, legales y transparentes…
Reglas que hicieron presidentes a Calderón y a López y que son las mismas reglas que desde 2108 han destruido tanto Obrador, Claudia Sheinbaum, para instaurar una verdadera dictadura del Partido Morena.
Sí, el de AMLO con Zedillo fue un “amasiato”, que con el tiempo le permitió llegar al poder a la señora presidenta, quien hoy “escupe al cielo”
Al tiempo.




