
El castillo de la pureza

Francia le lleva a México ocho años de delantera en la restricción del uso de celulares en las escuelas. Lo más relevante es que ya tiene resultados que nos permiten vislumbrar un efecto positivo, pero también otros retos.
Francia fue el país pionero a nivel mundial (de 2018 a la fecha). Prohibió totalmente los celulares en primaria y secundaria.
A casi una década de su implementación, el impacto a largo plazo de la prohibición de celulares de 2018 en Francia demuestra que la medida fue un éxito en convivencia y concentración, pero también que resultó insuficiente por sí sola frente a la adicción digital.
Estudios recopilados tras años de aplicación (incluidos análisis de instituciones como la London School of Economics) demostraron resultados claros:
Reducción de la brecha educativa: El rendimiento académico y las calificaciones en los exámenes mejoraron de forma notable, lo que benefició especialmente a los alumnos con peor rendimiento previo, quienes eran los más propensos a la distracción.
Disminución del ciberacoso y los robos: Al no haber teléfonos en los recreos y pasillos, disminuyeron drásticamente los incidentes de grabaciones no autorizadas, burlas virales dentro de la escuela y robos de dispositivos.
El regreso del juego y la socialización: Los directores informaron de un cambio radical en el ambiente escolar. Los patios de recreo volvieron a llenarse de estudiantes que hablaban, jugaban al fútbol o interactuaban físicamente, en lugar de permanecer alienados mirando pantallas de forma individual.
Pese a que la medida fue positiva, identificaron un efecto de compensación: los menores y adolescentes compensaban la restricción con largas horas de exposición a las pantallas en casa, lo que provocaba que regresaran a las aulas desvelados y cansados.
Otro problema que enfrentó Francia y que enfrentará México es que, al principio, la medida contemplaba que los alumnos guardaran el celular en sus mochilas, pero esto permitía que incumplieran fácilmente la restricción. Por ello, desarrollaron el concepto de pausa digital. Al ingresar a clases, los alumnos meten su teléfono en una funda que se sella magnéticamente y que solo pueden abrir al salir de la escuela mediante una base especial ubicada en las puertas. En China resolvieron el problema al colocar los dispositivos en contenedores de plástico bajo resguardo.
Lo cierto es que, al aplicar medidas de restricción en las escuelas, los gobiernos comprendieron que el problema es una crisis global de salud mental digital.
Por eso, ahora la discusión mundial es cómo regular las aplicaciones y redes sociales para que tengan restricciones reales de horarios y contenido.
A partir del martes 3 de noviembre de 2026, en México entrará en vigor la restricción del uso de celulares, tabletas y otros dispositivos inteligentes personales en todos los planteles de educación básica (inicial, preescolar, primaria y secundaria) del país, tanto públicos como particulares.
Que el Gobierno de México tome como referencia la experiencia de otros países que llevan ventaja en el tema sería un acierto.




