
Honran en San Lázaro legado de Independencia

MORELIA, Mich., 15 de septiembre de 2026.- Antes de los camiones militares, los tanques y los aviones, los ejércitos necesitaban cuatro patas para avanzar. Durante la Guerra de Independencia, caballos y mulas transportaron soldados, armas, alimentos y municiones, recorrieron caminos imposibles y acompañaron a las tropas durante años. Algunos incluso fueron capturados como botín y otros se convirtieron en un recurso tan importante que las autoridades llegaron a ordenar su confiscación.
La importancia de estos animales quedó plasmada en un documento de 1812. El 1 de febrero, el virrey Francisco Javier Venegas ordenó reunir caballos en distintos puntos de la Nueva España para destinarlos al ejército realista. El bando, conservado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, advertía que los insurgentes buscaban apoderarse de estos animales porque los necesitaban para sus operaciones. Incluso se establecieron revisiones y mecanismos para valorar los ejemplares que serían destinados a las tropas.
Un caballo en aquella época significaba mucho más que un medio de transporte. Permitía a un soldado desplazarse con rapidez, explorar caminos, llevar mensajes, perseguir al enemigo o retirarse. También podía convertirse directamente en una herramienta de combate, pues los jinetes aprovechaban su velocidad para realizar cargas y maniobras que un hombre a pie difícilmente podía ejecutar con la misma rapidez.
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